Vivir sin expectativas

A priori vivir sin expectativas puede sonar confuso. A menudo constato cómo el vivir por y tras nuestras expectativas, e incluso el vivir por y tras las expectativas que los demás tienen respecto de nosotros, nos resulta algo tan cotidiano y habitual como el respirar.

Día tras día colmamos nuestra mente con un sinfín de expectativas. Vivimos de esta manera con la esperanza de realizar o conseguir algo diferente de lo que tenemos. A fin de cuentas, ¿cuántos de nosotros no hemos soñado y soñamos, una y otra vez, con los logros y éxitos que desearíamos o creemos poder alcanzar?

una vida sin expectativas

Cuando las expectativas fallan

La cuestión aquí realmente importante es qué nos sucede cuando estas expectativas no se cumplen; qué nos sucede cuando lo esperado no sale según lo previsto o imaginado. Lo que nos sucede es, ni más ni menos, que sufrimos. Y como sí podemos intuir, este sufrimiento no es ninguna nimiedad.

De esta manera y en el mejor de los casos, si estas expectativas son realizadas, esto es, si estas expectativas se materializan, nuestra felicidad, en este puntual caso, va a ser patente. Ahora bien, de no ser así, esto es, caso de no verse materializadas dichas expectativas, puede pasar que, bien sigamos esperando día tras día su materialización, bien nos cause, tanto a nosotros como a los demás, una elevada carga de frustración y por ende de más sufrimiento.

Creo que nos han enseñado a soñar pero no a vivir.

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Vivir sin expectativas: Déjate guiar por tu corazón

Siento que el sitio en el que estamos cada uno de nosotros y desde el que nos relacionamos daría un giro insospechado de vivir una vida sin expectativas. Momento a momento. Dejándonos llevar. Dejándonos fluir con el sentido de la corriente.

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Siento en lo más profundo de mi ser, que una vida guiada por nuestro corazón, escuchando a nuestra intuición sin duda puede convertirse en una vida más apasionante, más valiente, una vida que merece la pena vivir. A fin de cuentas… una vida sin expectativas, una vida abierta a cualquier posibilidad.

Cuando no exijas nada del mundo, ni de Dios, cuando no quieras nada, ni busques nada, ni esperes nada, entonces la Luz te llegará sin haberla invitado… sin expectativa. (Nisargadatta)

Y es que resulta que sabemos que lo soñado, lo idílico, no existe. Que los sueños solo están en el mundo de los sueños. En nuestro mundo, en el mundo real, en este en el que respiramos cada día, nada de esto existe. En él la realidad se encarga una y otra vez de recordarnos que aquí, la única que manda, es ella.

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Mavi Mariscal

Buscadora y practicante de la meditación Samatha & Vipassana. Enamorada del silencio y la quietud. Del ruido y la vorágine. De lo simple, bello y poético. De lo complejo, feo y prosaico. De lo profundo y superficial. De lo espiritual y terrenal. Del todo y de la nada. La práctica de la meditación me ha reconciliado con lo que "ES", aquí y ahora.

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