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La belleza de la soledad

Dicen los místicos que el hombre todavía no ha aprendido a apreciar la belleza de la soledad. Dicen que la soledad es algo esencial para tu ser y que no hay ninguna manera de evitarla.

Personalmente considero que aprender a lidiar con la soledad y ver esta belleza a la que se refieren es uno de los aprendizajes más interesantes y de provecho a los que me ha llevado la práctica de la meditación en mis ansias de irme haciendo, poco a poco, amiga del dolor que inevitablemente me ha ido trayendo la vida. Ahora puedo ver también la grandeza, la necesidad y la belleza de la misma.

Y es que en el corto camino que llevo recorrido la soledad ha llamado a mi puerta, una y otra vez. No hay ninguna manera de evitarla. Pero lo que sí podemos hacer, lo que sí está en nuestras manos, es abrirle o cerrarle la puerta. De nosotros depende.

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El poder de la observación para abrazar la soledad

En tiempos pasados, cuando no conocía su belleza, la soledad era una idea que rechazaba, momento tras otro. De esta forma buscaba, sin encontrar, remedio alguno para luchar contra la misma.  Ello fue así hasta que descubrí que no se trataba de luchar contra ella sino que de lo que se trataba era de abrazarla. ¿Cómo lo hice? Observando simplemente qué pasaba dentro de mi en su única presencia.  Y entonces mi forma de relacionarme con ella cambió.

Aprendí a abrazar esta soledad y desearla en aquellos momentos en los que el dolor se me presentaba con una intensidad tan desgarradora hasta creer que de un momento a otro podía desintegrarme en millones de minúsculas partículas desapareciendo en el Universo sin dejar rastro alguno. De esta forma, en estos momentos, cuando aprendí de manera amable a invitar a la soledad para que me hiciera compañía, se convirtió en mi mejor amiga. Nada más que yo y ella. Ella y yo. La mejor compañía.

La soledad es peligrosa, es adictiva. Una vez que te das cuenta de cuanta paz hay en ella no quieres lidiar con la gente. (Carl Jung)

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Llegar a este punto no ha sido fácil. Normalmente queremos compartir y hacer partícipes a nuestros amigos, familias, conocidos de estos momentos dolorosos con el fin de encontrar consuelo y paz.  Con el fin de diluir tanta zozobra. Sin embargo, una vez descubres lo potente que es la soledad, lo reconfortante que es estar con uno mismo, en la pura observación, un mundo nuevo se abre ante ti. Nada ni nadie puede otorgarte mayor paz que tu propia compañía, la de tu propio ser.

Y es que, como dice el Dr. Wayne Dyer, no puedes estar en soledad si te gusta la persona con la que estas solo.

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