El sentido de la Vida

¿Cuál es el sentido de la vida? En alguna otra época he buscado la felicidad en distinto tiempo y diferente lugar a los que la vida me brindaba en cada momento, allí donde me encontrase, y no he hallado presencia alguna en ellos. Lo que entonces no sabía y empiezo a intuir ahora es que no encontrar esa presencia es equivalente a no vivir. Y cuando digo no vivir, digo no ser, no estar.

Durante un largo período, sin saberlo entonces, andaba navegando entre dos aguas intentando mejorar lo de ayer (pasado) para conseguir un mañana mejor (futuro). Y ahí me encontraba, en el juego del pasado y del futuro del que es tan complicado salir.

«El problema es que crees que tienes tiempo» (Buda)

Y ese fue uno de mis mayores problemas, creer que tenía tiempo. Andé demasiado ocupada intentando llenar mi tiempo de vida, cómo si acaso lo tuviese, como si acaso me perteneciese  y, de tanto que lo llené, me olvidé de lo más importante, de vivirlo, de respirarlo, de ser y estar en el único tiempo posible, el Ahora.

cual es el sentido de la vida

La cuestión que entonces me planteé es ¿cómo hacer para que el reloj deje de marcar mi vida? Estamos tan habituados a que el reloj marque cada minuto y segundo de nuestros días, de nuestro tiempo, de nuestra vida a fin de cuentas que no creemos pueda vivirse de forma diferente, una vida de improvisación, una vida de momentos.

aqui y ahora

El sentido de la vida está donde nunca estamos: aquí y ahora

He de confesar que aún me pasa muy a menudo. Romper con este hábito no está siendo fácil. Por ello necesito que alguien me recuerde que el mañana en el que ayer pensaba es hoy. Que el luego, el enseguida, el después, es ahora. Y que si nada hago con aquel mañana de ayer, pero no mañana, sino hoy, volveré a las andadas. A la no presencia.

¿Sino es ahora, cuándo?

Aún soy afortunada. Tengo suerte porque me lo recuerdan. En ese recuerdo, en ese pensamiento, entonces consigo volver a mi cuerpo. Y cuando mi mente va acompasada con mi cuerpo, cuando vuelvo al ahora, cuando no deseo estar en otro lugar y momento diferente al que estoy, entonces una especie de liberación y  felicidad me invade.

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Hemos escuchado en infinidad de ocasiones la importancia de vivir el presente y lo rápido que pasa la vida. A veces ello se confunde con la idea de tener que vivir deprisa. Otras veces, con vivir infinidad de experiencias. Si es al límite, mejor. Pero nada de eso. Se trata de abandonarse al momento presente, al ahora, al único tiempo posible. Se trata de  fluir con la vida.

dejarse ir con la vida

Dejarse ir con la vida

A pesar de la enorme dificultad que representa este dejarse fluir con la vida, lo que yo llamo volver al cuerpo, a las sensaciones, la buena noticia es que también se practica. Así uno se sienta a meditar. Sin más, con lo que hay en ese momento. Sin importar lo que suceda al instante siguiente. Lo único que existe, el único momento en el que la vida existe, es ahora.Y por tanto, aquí y ahora está el sentido de la vida, ahí es donde tenemos que buscar.

el sentido de la vida

Se trata simplemente de eso, de vivir el ahora, todo lo que hay en él, sin juzgarlo, observándolo, porque en el segundo en el que piensas en el momento siguiente, en lo que va a pasar, en el momento en el que crees que cualquier tiempo venidero será mejor que lo que ahora hay, es sufrimiento.

No conozco a nadie que prefiera el sufrimiento a la serenidad y tranquilidad que brinda el ahora.  Eliminar la ilusión del tiempo es eliminar en buena medida una gran dosis de sufrimiento en nuestro dia a dia.

«La esencia misma del Zen consiste en caminar por el filo de la navaja del ahora; estar tan plenamente, tan completamente en el presente que ningún problema o sufrimiento, nada que no sea quien eres en esencia, pueda sobrevivir en tí. En el ahora, en la ausencia de tiempo, todos tus problemas se disuelven. El sufrimiento necesita tiempo, no puede sobrevivir en el ahora.» (El poder del  ahora de Eckart Tolle).

el sentido de la vida - universo

Trata de ir ligero para encontrar el sentido de la vida

Seguro que hemos escuchado muchas veces eso de llevar la casa a cuestas. Cada uno de nuestros pensamientos vienen predefinidos —en gran medida— por nuestro pasado. Recientemente he observado que el tipo de juicio que me viene a la cabeza al —por ejemplo— mirar a un viandante, está enormemente influido por condicionamientos, bien recibidos en casa, en la escuela o por comentarios de gente cercana que, en algún momento de mi vida he podido escuchar. Esto es lo que yo llamo llevar la casa a cuestas.

Nos cuesta ver las cosas como son porque estamos condicionados desde nuestra más tierna infancia.

Desde los dos años —según parece— nuestro cerebro se va a programar por primera vez con el más básico de los códigos, en el cual se incluyen los conceptos «yo» y «mío» que tanto nos hará sufrir en un futuro muy próximo.

condicionamiento

Llenando la casa de tiestos

Con el paso de los años vamos llenando la «casa» de tiestos —condicionamientos de todo tipo— que hacen que nos alejemos cada vez más de nuestro propio yo. Es como si cada vez vislumbráramos la vida a través de más y más filtros, como si de unas gafas se tratara, que se han ido manchando y rayando hasta ver las cosas distorsionadas: donde tú ves un sombrero, un niño ve una serpiente boa que ha digerido a un elefante.

el sentido de la vida

Pondré un ejemplo: Si un día caminando por la calle te encuentras un diamante en el suelo, saltarás de alegría porque relacionarás el diamante con el valor que tiene. Sabrás que has ganado mucho dinero. Sin embargo, si encuentras una piedra cualquiera ni si quiera te molestarás en cogerla. El valor que tiene el diamante se lo ha otorgado el hombre.

Ningún otro ser vivo considera el diamante una piedra con más valor que un guijarro.

herramienta

La meditación, una herramienta muy poderosa

La buena noticia de todo esto es que existe una solución para, muy poco a poco, ir limpiando y puliendo los filtros que tienen nuestras gafas. El simple —pero difícil— hecho de observar el pensamiento que pasa por nuestra mente tiene una capacidad asombrosa de devolvernos a un enfoque menos condicionado; a ver las cosas tal cual son. La meditación puede ayudarnos a desarrollar la capacidad de atención y por tanto a ser más consciente del momento presente.

Una vida de exigencias

Vivimos en buena parte frustrados porque somos incapaces no sólo de cumplir la infinidad de exigencias que nos auto imponemos sino también de colmar todas las expectativas que los demás tienen sobre nosotros.

A su vez, esperamos de la vida y esperamos de los demás. Y así vivimos en una larga espera, en una eterna frustración y constante decepción.

…y si la vida no nos hace caso, nos frustramos

De esta forma nos sentimos frustrados cuando trabajamos y trabajamos y, esa promoción tan esperada, e incluso prometida, no llega. Cuando no aprobamos el examen para el que tanto hemos estudiado, cuando después de duros entrenamientos no conseguimos los resultados esperados, y un largo etcétera.

Pero también nos sentimos decepcionados cuando llega el día de nuestro aniversario y nuestros allegados se olvidan de felicitarnos; cuando un amigo empieza a comportarse de forma extraña a cómo lo ha venido haciendo; cuando nuestro coche nuevo se estropea; y otro largo etcétera.

el verdadero sentido de la vida

Y ojo con los sentimientos que nos provoca la idea de decepcionar a otros con nuestro comportamiento o nuestra forma de vida. Así podemos decepcionar a nuestra madre por no ser el ingeniero que ella siempre hubiera querido que fuéramos; puede sentirse decepcionada porque no vamos lo suficientemente a verla; o incluso el hijo puede sentirse decepcionado porque no encuentra el apoyo de sus padres.

«Y muy en el fondo de nuestra decepción descubrimos no una pérdida de algo real, sino la pérdida de un sueño que narraba cómo tenía que ser la vida » (Jeff Foster)

Y son precisamente todas y cada una de estas exigencias y expectativas, todas y cada una de estas ideas sobre cómo tenía que ser la vida, grandes indicadores del sufrimiento que día a día cargamos en nuestra mochila. La dicotomía entre cómo es la vida y cómo tiene que ser la vida (…¡cuál es el sentido de la vida!) es uno de los mayores conflictos que afloran diariamente en nosotros.

querer cambiar las cosas

El sufrimiento de querer cambiar la vida

Así nos creemos en lo cierto cuando pensamos que  deberían promocionarnos; que nuestra amiga debería tratarnos con más cariño; e incluso que no deberíamos decepcionar a nuestra madre. Y cuando nada de esto sucede, es decir, cuando no nos promocionan, cuando nuestra amiga nos habla mal y cuando decepcionamos a nuestra madre y ella se encarga de decírnoslo, sufrimos. Sufrimos hasta niveles insospechados por creer que la vida tiene que ser diferente a como es.

La cuestión que a mi entender aquí estriba es que no sabemos mirar lo que hay, no vemos la realidad. Que vivimos en el mundo de los sueños, y cómo decía Calderón de la Barca, los sueños, sueños son.

saber el sentido de la vida

El andar constantemente buscando resultados, pensando incluso que el sentido de la vida va en ese camino; queriendo colmar nuestras expectativas y las de los demás. Es una fuente inagotable de sufrimiento. Unas veces el sufrimiento va a ser mayor y otras veces menor, puede que incluso diminuto. Pero vamos a sufrir.

«En lugar de preguntarte, ¿qué es lo que quiero de la vida?, una pregunta más poderosa es, ¿qué quiere de mí la vida?» (Eckart Tolle)

colabora con la vida

Colabora con la vida, no contra ella

Se sufre porque hay veces que las expectativas van a cumplirse o las exigencias a realizarse. Pero otras veces no. En nuestro día a día esto se traduce en que, en el mejor de los casos, esto es, en el del cumplimiento y realización positiva, por llamarlo de alguna forma, esta felicidad que nos supone el éxito, va a ser efímera y por ello vamos a ir en busca de nuevos éxitos, de nuevos reconocimientos, de nuevas exigencias, y así sucesivamente. Con lo cual cada vez con mayor frecuencia vamos a exigirnos más y más en búsqueda de esta felicidad efímera.

En el segundo de los casos, esto es, en el que somos incapaces de ver cumplidas nuestras expectativas; en el que somos incapaces de cumplir las de los demás, así como también incapaces de ver realizadas todas las exigencias a las que nos referimos, ya sabemos lo que nos pasa. Por tanto, en cualquiera de los casos, sufrimos.

Aprender a mirar se aprende mirando. La práctica de la meditación es una herramienta muy poderosa para enseñarnos mirar; a observar lo que hay en cada momento. Por ello os invito a sentaros, a practicar sin más, a meditar sin la idea de alcanzar objetivo alguno, sin expectativas. Os invito a hacer lo que tengáis que hacer en cada momento. Despreocupados de los resultados. Dejando los resultados en manos de la vida, que es al final de todo el único lugar en el que están. De esta forma poder tener más claro cuál es el sentido de la vida.

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Mavi Mariscal

Buscadora y practicante de la meditación Samatha & Vipassana. Enamorada del silencio y la quietud. Del ruido y la vorágine. De lo simple, bello y poético. De lo complejo, feo y prosaico. De lo profundo y superficial. De lo espiritual y terrenal. Del todo y de la nada. La práctica de la meditación me ha reconciliado con lo que "ES", aquí y ahora.

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